Hay ropa tendida

El 7 de abril se presentó en la Casa de Cultura de Muskiz (Vizcaya, País vasco. 7.000 habitantes) este documento de 7 minutos que recoge testimonios de mujeres de Muskiz que en otra época acudían a los diferentes lavaderos públicos existentes en el pueblo. La recuperación de estos recuerdos es un acto de reconocimiento social que ha impulsado el Área de Igualdad del ayuntamiento y facilitado la biblioteca de esta localidad.

El bibliotecario Fernando Juárez cuenta que la idea partió de un comentario/deseo de la técnica de Igualdad con motivo de las actividades realizadas el 8 de marzo en la biblioteca: No estaría mal difundir las vivencias de las mujeres en los lavaderos. De modo que se pusieron a buscar material gráfico, canalizar las entrevistas realizadas en el Centro de Día, coordinar transcripciones de los testimonios, realizar el guión del vídeo, encontrar quién lo editase, etc. En el vídeo, Reflejos en el agua,  leemos que expresiones como Lavar la ropa sucia y Hay ropa tendida nacieron en estos espacios.

Felicidades por esta iniciativa que apenas con unas fotografías en blanco y negro recupera un trocito de historia, no solo de las mujeres de Muskiz, en todos los pueblos de España se vivió esta realidad que hoy desconocen muchos jóvenes. Un ejemplo de cómo se pueden crear contenidos con pocos medios pero mucha ilusión.

El ala rota

El ala rota es la otra cara de El arte de volar. Un díptico en el que Antonio Altarriba homenajea a su padre y a su madre.

El ala rota, cómic del mes de abril de la BUR  (nº 40), es la otra cara de El arte de volar. Un díptico en el que Antonio Altarriba homenajea a su padre y a su madre. Altarriba es guionista de cómics y de fotos.

Este mes de abril hemos elegido como cómic del mes una novela gráfica recién salidita del horno: El ala rota de Antonio Altarriba. Sí, el autor de El arte de volar, flamante Premio Nacional de Cómic 2010, en la que relata la historia de su padre y su fatídico suicidio en una residencia de ancianos, riojana por cierto.

Pues bien, en esta nueva obra nos cuenta la historia de su madre, Petra Ordóñez, nacida en 1918 en Pozuelo de la Orden (Valladolid) y fallecida en 1998 en Vitoria. Una mujer de su tiempo: discreta, callada, sumisa, sacrificada y relegada en un mundo de hombres. Petra tuvo una infancia y una juventud bastante duras y ya mayor se separó de su marido. Ingresó entonces en una residencia regentada por monjas y esos últimos años fueron relativamente felices gracias a que el ambiente religioso de la residencia vitoriana se acoplaba a su carácter.

Su muerte a los 80 años y el impactante descubrimiento de su minusvalía (un brazo roto por su propio padre tras nacer) despertaron en Altarriba la necesidad de reconstruir la vida de su madre. Sin escatimar detalles íntimos, como la vida sexual de sus padres, algo que le pareció necesario para construir un retrato sincero de su padre y su madre. .

El Ala rota dibujada por Kim (Joaquim Aubert, 1942) y con guión de Antonio Altarriba. Norma, 2016.

El Ala rota dibujada por Kim (Joaquim Aubert, 1942) y con guión de Antonio Altarriba. Norma, 2016. En estas viñetas relata el momento en que su hijo (el propio Altarriba) la lleva a la residencia porque su padre no puede convivir ya con ella.

El dibujo en blanco y negro de Kim, un tanto grotesco a veces, pero más limpio de lo habitual en él, nos recuerda a Robert Crumb y a Joyce Farmer, acompaña muy bien el tono negro de esta España negra. Lo que nos ha cautivado del cómic es el reflejo de la España del momento, el reflejo de esas mujeres pobres nacidas para servir: primero al padre, luego al marido, y más tarde a los hijos; y en muchos casos sirvieron también fuera de casa. En el caso de Petra sirvió en la casa de Santiago Sánchez González, general de Franco pero partidario de la monarquía.

Antonio es un magnífico escritor, relata con agilidad una historia que seguirías leyendo con gusto (a pesar de sus 250 páginas), de la que te apetece aprender más. Y sobre todo un buen punto de partida para rescatar la memoria histórica, esa parte por la que los libros de texto siguen pasando de puntillas. ¡Imprescindible!