La lluvia amarilla

Molino de Ainielle, pueblo del Pirineo aragonés. Este es uno de los escenarios de La lluvia amarilla de Julio LLamazares. La despoblación y la soledad angustian a su protagonista.

La sesión del club de lectura de ayer jueves resultó muy contenida, y es que la prosa de Llamazares no puede leerse a la ligera, necesita reposo y calma para que te empape. La historia nos la cuenta en primera persona un pastor de ovejas a  punto de morir que rememora su vida; un monólogo que fluye de la mente del protagonista. En veinte capítulos va relatando pequeñas anécdotas que han ido conformando su existencia. Una vida que abarca el siglo XX e incluye la Guerra Civil en la que hubo que evacuar el pueblo y de la que su hijo Camilo no volvió. Uno más de los que quedan en las cunetas.

El espacio en el que transcurre la historia, un pueblo del Pirineo aragonés, Ainielle, es casi tan importante como los personajes que pueblan la novela; porque es el espacio, el entorno, el que los ha endurecido.

El silencio y la quietud serán totales. Ni un ruido, ni una señal de humo, ni una presencia o sombra de presencia por las calles. Ni siquiera el temblor indefinido de un visillo o de una sábana colgada en el frontal de alguna de cualquiera de sus múltiples ventanas. (Página 10)

Aborda en esta breve novela, 159 páginas, muchos temas que curiosamente siguen hoy tan vigentes si no más que cuando se publicó por primera vez en 1988: la despoblación del mundo rural, la soledad, la memoria, el miedo a la locura, la vejez, la muerte, etc.

Transcribimos aquí algunas de las muchas cosas que se dijeron en la sesión.

La he leído dos veces, la primera me ha resultado muy triste y me costaba entrar. La segunda le he disfrutado mucho, estaba más pendiente del lenguaje, de las descripciones, etc. La anécdota me interesaba menos.

Un libro profundamente triste y a la vez hermoso. / A mí no me resultó triste, es una prosa tan bien escrita que me dejaba llevar sin más. / Me encoge el corazón todo el rato, esa desolación y sabes que no hay esperanza.

Cuando mata al perro me dio una llorera… / La descripción de la vida de la perra (Página 119) es memorable. / Recomiendo leerla a cachos, a capítulos, no toda seguida que te abruma un poco.

A mí me gustó mucho otra obra de LLamazares, Distinas formas de mirar el agua, es más optimista, nostálgico pero no deprimente. / Pues yo he leído un cuentecito que se titula El valor del agua. Trata de un abuelo y un nieto y también el abuelo echa de menos el pueblo y acaba en una residencia. Con ilustraciones en blanco y negro de Antonio Santos se lee en cinco minutos.

El tema de la soledad que desemboca en locura me ha recordado el ensayo de Sergio del Molino, La  España vacía. Relata algunos casos similares. / A mí me ha recordado mucho a Pedro Páramo de Juan Rulfo. 

La novela es fantástica para un club de lectura, nos sentimos muy contentos de haberla analizado despacio. Os dejamos con una sobrecogedora adaptación teatral realizada en 2007.

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