Desgracia, una novela subyugante

Este mes de febrero estamos leyendo la novela Desgracia de Coetzee. Hablaremos de ella el jueves 21 de febrero. Fotografía tomada de http://www.vozpopuli.com.

Estamos ahora mismo leyendo la novela Desgracia del Premio Nobel de Literatura J.M. CoetzeeSu protagonista, David Lurie, tiene 52 años y poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes.

Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público.

Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado, donde el idioma es una herramienta viciada, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable.

Una historia profunda, extraordinaria, que por momentos atenaza el corazón, y siempre, hasta el final, subyugante.

Cada frase de las novelas de Coetzee tiene la extrañísima virtud de impelir fuertemente a pasar a la próxima, y también, a la vez, de hacer que uno desee demorarse en ella y lamente siempre abandonarla o dejarla atrás. No sé de ningún efecto mejor ni más noble al que pueda aspirar un escritor. (Javier Marías)

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La lluvia amarilla

Molino de Ainielle, pueblo del Pirineo aragonés. Este es uno de los escenarios de La lluvia amarilla de Julio LLamazares. La despoblación y la soledad angustian a su protagonista.

La sesión del club de lectura de ayer jueves resultó muy contenida, y es que la prosa de Llamazares no puede leerse a la ligera, necesita reposo y calma para que te empape. La historia nos la cuenta en primera persona un pastor de ovejas a  punto de morir que rememora su vida; un monólogo que fluye de la mente del protagonista. En veinte capítulos va relatando pequeñas anécdotas que han ido conformando su existencia. Una vida que abarca el siglo XX e incluye la Guerra Civil en la que hubo que evacuar el pueblo y de la que su hijo Camilo no volvió. Uno más de los que quedan en las cunetas.

El espacio en el que transcurre la historia, un pueblo del Pirineo aragonés, Ainielle, es casi tan importante como los personajes que pueblan la novela; porque es el espacio, el entorno, el que los ha endurecido.

El silencio y la quietud serán totales. Ni un ruido, ni una señal de humo, ni una presencia o sombra de presencia por las calles. Ni siquiera el temblor indefinido de un visillo o de una sábana colgada en el frontal de alguna de cualquiera de sus múltiples ventanas. (Página 10)

Aborda en esta breve novela, 159 páginas, muchos temas que curiosamente siguen hoy tan vigentes si no más que cuando se publicó por primera vez en 1988: la despoblación del mundo rural, la soledad, la memoria, el miedo a la locura, la vejez, la muerte, etc.

Transcribimos aquí algunas de las muchas cosas que se dijeron en la sesión.

La he leído dos veces, la primera me ha resultado muy triste y me costaba entrar. La segunda le he disfrutado mucho, estaba más pendiente del lenguaje, de las descripciones, etc. La anécdota me interesaba menos.

Un libro profundamente triste y a la vez hermoso. / A mí no me resultó triste, es una prosa tan bien escrita que me dejaba llevar sin más. / Me encoge el corazón todo el rato, esa desolación y sabes que no hay esperanza.

Cuando mata al perro me dio una llorera… / La descripción de la vida de la perra (Página 119) es memorable. / Recomiendo leerla a cachos, a capítulos, no toda seguida que te abruma un poco.

A mí me gustó mucho otra obra de LLamazares, Distinas formas de mirar el agua, es más optimista, nostálgico pero no deprimente. / Pues yo he leído un cuentecito que se titula El valor del agua. Trata de un abuelo y un nieto y también el abuelo echa de menos el pueblo y acaba en una residencia. Con ilustraciones en blanco y negro de Antonio Santos se lee en cinco minutos.

El tema de la soledad que desemboca en locura me ha recordado el ensayo de Sergio del Molino, La  España vacía. Relata algunos casos similares. / A mí me ha recordado mucho a Pedro Páramo de Juan Rulfo. 

La novela es fantástica para un club de lectura, nos sentimos muy contentos de haberla analizado despacio. Os dejamos con una sobrecogedora adaptación teatral realizada en 2007.

Cuando los pueblos se quedan vacíos

Hablaremos de La lluvia amarilla de Julio LLamazares el jueves 24 de enero. ¡Entrada libre!

Estamos leyendo este mes de enero La lluvia amarilla de Julio Llamazares. La novela habla de cómo el paso del tiempo va destruyendo todos los sueños, todas las ilusiones; y de cómo al final, la ruina humana, la ruina arquitectónica, acaba siendo invadida otra vez por la naturaleza de la que venimos.

Si Miguel Delibes fue uno de los primeros escritores en reflejar la vida miserable que llevaba la gente del campo (Los santos inocentes, Las ratas), Llamazares reflejó como nadie la soledad de los pueblos abandonados. Curiosamente, hoy las nuevas generaciones parecen volver la vista al medio rural como una oportunidad, un sitio al que volver, un lugar en el que empezar una nueva vida.

Analizaremos la novela de Llamazares sin perder de vista libros emblemáticos ahora mismo como La España vacía (Sergio del Molino)Los últimos. Voces de la Laponia española (Paco Cerdá), Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural  (Virginia Mendoza), Diario rural (Fenimore Cooper), o el recién salido del horno del profesor de la Universidad de La Rioja, Emilio Barco, Donde viven los caracoles.

Esperamos mantener un ardiente debate sobre todo esto el jueves 24 de enero en la planta baja de la Biblioteca. ¡Estáis todas y todos invitados!

El hombre que acertó a pintar Castilla

La cebadilla ratonera, cola de ratón, o zaragüelle es una hierba que se nombra varias veces en Las ratas de Delibes. Los campos semánticos mejor representados en la obra son tres: las plantas, las aves y la topografía.

En la sesión de ayer jueves 22 de marzo hablamos de Las ratas de Miguel Delibes. Y hablamos mucho, había muchas cosas que comentar y compartir. Está ambientada en los años cincuenta, una novela de posguerra que como Los santos inocentes denuncia las pésimas condiciones en las que viven los agricultores. Utiliza el lenguaje propio de sus habitantes, lenguaje rico en sustantivos referentes al cultivo de la tierra, al mundo de los animales, a los elementos del paisaje y del clima; muchos de los cuales están hoy en vías de extinción. Os anotamos aquí solo algunas opiniones, el libro da para varias sesiones de club de lectura.

Me gusta mucho Delibes porque tiene muchos registros. No es un escritor solo de lo rural, por ejemplo en Mi idolatrado hijo Sisí aborda un tema urbano o en Cinco horas con Mario profundiza en la psicología del personaje hasta la extenuación. Hay muchos Delibes.

A mí me gusta el Delibes urbano, en mi casa tenemos todos sus libros. Mi padre era cazador y leía sus libros de caza. Este de Las ratas me ha resultado duro, seco, me costaba avanzar pero finalmente me ha gustado. Estoy contenta de haber descubierto al Delibes rural.

No me apetecía nada leer Las ratas. Tenía mal recuerdo del instituto, de haber leído algo de Delibes y me resultó pesado y plasta. En cambio ahora me ha cautivado. Me quedo con su defensa del ecosistema, con su respeto por la naturaleza, por la dignidad que reclama para las gentes de los pueblos, las gentes que trabajan la tierra.

A mí me ha cautivado por su vocabulario, palabras que hace mucho tiempo que no escuchaba y otras que no conocía y he tenido que buscarlas. Esa riqueza del castellano, esas personificaciones: graznidos siniestros (cuervos), almendros raquíticos, helada negra. Leyendo escuchabas los sonidos de las abubillas, los vencejos, las cigüeñas (siniestro crotorar de las cigüeñas), cuervos, grajos, etc. 

Me gusta el personaje de la Columba. Echa de menos la vida en la ciudad y se quiere marchar del pueblo, pero su marido, Justito, no quiere: Justo, así que me levanto de la cama, solo de ver el mundo vacío me dan ganas de devolver. 

Me ha gustado mucho lo de la matanza y el rememorar tareas agrícolas. En cambio, se me han hecho pesadas algunas repeticiones, por ejemplo el personaje de La Resu, a la que nombra mil veces como El Úndécimo Mandamiento. 

Acabamos comentando que en 1964, un periodista preguntó a Delibes con qué se conformaría, el escritor contestó: Con que cuando se analice mi obra, dentro de equis años, se diga: Acertó a pintar Castilla. 

Antonio Giménez Rico la llevó al cine en 1997.

Una novela asfixiante

Ayer jueves tuvimos nuestra primera sesión del club de lectura de este curso 2017-2018. Tras los saludos abordamos la novela Nada de Carmen Laforet. A todos les había gustado mucho leerla aunque el ambiente asfixiante que se respira en la novela hizo que algunos la leyeran de forma pausada, no es para leerla de seguido, requiere sosiego. La mayoría resaltó la pasividad del personaje de Andrea, es hermética, como si fuera una mera observadora. Su ausencia total de coquetería.

Los personajes los describe a pinceladas, con cierto aire expresionista. Por ejemplo el personaje de Gloria, al principio parece bastante plano, pero poco a poco vamos conociendo todos sus ángulos y acaba siendo un personaje redondo, uno de esos que no se olvidan.

Aborda muchos temas: la guerra y sus secuelas, el hambre, la violencia física y psicológica, las diferencias sociales, el amor, la soledad, etc. En cuanto al estilo de Carmen Laforet es sobrio, descripciones breves, concentradas; ella misma afirma: Escribo corto, ciño las palabras al hilo del relato.

Y tras una introducción breve sobre la época y la autora, cada cual fue dando sus impresiones.

Yo he venido al club porque estoy haciendo el trabajo de fin de grado (TFG) sobre esta novela, así que no podía faltar. 

Me gusta mucho el principio de la novela, arranca fuerte, luego se me desinfla un poco. Es una novela triste, gris, como si estuviera todo el día lloviendo

No hay un solo personaje que podamos considerar normal. La guerra civil los ha dejado destrozados, enloquecidos. Viven en la miseria, se gritan, se pelean.Todos tienen los nervios rotos.

Cuando iba leyendo tenía sensación de frío y hambre. Me identificaba con el personaje que cuenta la historia, Andrea. Ese gusto por las cosas hermosas, compra flores aunque luego no tenga para comer.

La violencia en la que viven era bastante habitual en la época. Todos hemos conocido alguna familia cuyo marido golpeaba a la mujer, familias con problemas económicos que criaban a sus hijos en medio de esa violencia. El niño que aparece en la novela por no tener no tiene ni nombre.

La historia de amor de Ena con Román y a su vez de Román con la madre de Ena roza lo folletinesco. Eso no me resultaba muy verosímil. Sí me gusta cómo se ve la miseria de unos y la riqueza de otros. Esas diferencias sociales de la España de posguerra.

Una novela que da para mucho, aborda muchos temas, pero ya eran las nueve de la noche y nos despedimos hasta el mes que viene, nos encontraremos de nuevo el jueves 23 de noviembre.

Antes de despedirnos nos hicimos esta foto con los ejemplares de A sangre fría de Truman Capote que es nuestro siguiente libro. Sala de prensa de la BUR. 21.00 horas.