Desgracia, una novela subyugante

Este mes de febrero estamos leyendo la novela Desgracia de Coetzee. Hablaremos de ella el jueves 21 de febrero. Fotografía tomada de http://www.vozpopuli.com.

Estamos ahora mismo leyendo la novela Desgracia del Premio Nobel de Literatura J.M. CoetzeeSu protagonista, David Lurie, tiene 52 años y poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes.

Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público.

Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado, donde el idioma es una herramienta viciada, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable.

Una historia profunda, extraordinaria, que por momentos atenaza el corazón, y siempre, hasta el final, subyugante.

Cada frase de las novelas de Coetzee tiene la extrañísima virtud de impelir fuertemente a pasar a la próxima, y también, a la vez, de hacer que uno desee demorarse en ella y lamente siempre abandonarla o dejarla atrás. No sé de ningún efecto mejor ni más noble al que pueda aspirar un escritor. (Javier Marías)

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Un pensamiento en “Desgracia, una novela subyugante

  1. Estamos ante la simbología de la vergüenza: la de un profesor que ve morir sus días de triunfo intelectual, personal y sexual; la de su hija, una mujer con aires de independencia que quedará marcada por el oprobio, y también la de un país que se ve obligado a reconciliarse, pero que ha quedado manchado para siempre por la huella del racismo, del apartheid, de la tortura, de la sangre.
    Coetzee, como su protagonista, vivió el purgatorio con Desgracia. Los amantes de la corrección política lo acusaron de racista porque los personajes negros sólo hacen acto de aparición para remover las vidas de los blancos. Para mal. A eso se le llama tener una visión superficial de una obra; Desgracia es la constatación de que la reconciliación es imposible sin un peaje para ambas partes, y quizá por ello resulte tan complicado entender algunos de los comportamientos de los personajes, especialmente el de la hija en la parte final de la historia.

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