Vía revolucionaria, una novela demoledora

Obras de Richard Yates que hemos manejado para esta sesión del club de lectura. En todas hay mucho alcohol.

Obras de Richard Yates que hemos manejado para esta sesión del club de lectura. En todas hay mucho alcohol. Corrían los años cincuenta en Estados Unidos. Logroño, 19 de enero de 2017.

La sesión de ayer jueves estuvo muy concurrida, y es que la obra de Richard Yates no deja indiferente a nadie. Soledad, incomunicación, falta de sentimientos sinceros, de todo esto adolecen los personajes de Vía revolucionaria.

Los personajes están muy bien trazados, parece una obra de teatro, es como si los tuvieras delante, como si los estuvieras viendo y escuchando. No solo los protagonistas, también los secundarios. Mi personaje preferido es John, el profesor de matemáticas mentalmente perturbado, es el único que dice lo que piensa.

Me encanta cuando la pareja protagonista Frank y April Wheeler discuten, sabe muy bien reflejar la tensión, los diálogos son ágiles, cortantes, magníficos.

La trama está muy bien urdida, la tensión es constante y el final sorpresivo. Me encanta ese final en el que todo queda cerrado, todo encaja. Nada queda al azar.

Refleja muy bien cómo era Nueva York en los años cincuenta, los primeros bloques de oficinas que se tragan a hombres todos iguales: con cortes a cepillo, vestidos con traje gris y camisa blanca. O secretarias con tacones y trajes ceñidos. La obsesión por ser un hombre, por resultar viril, hay que hablar de trabajo o de coches y ellas de recetas de cocina y de ropa.

En situaciones graves, extremas, describe pequeños detalles que hacen más verosímil el relato. Es como cuando no recuerdas casi nada del funeral de tu padre pero sí que hacía viento. Cuando están en el hospital Frank y Shep esperando a ver qué ocurre con April dice el narrador: “De modo que continuaron de pie, escuchando el canturreo del celador y los rítmicos golpes de fregona contra la pared, así como ocasionales ruidos de pisadas de goma de alguna enfermera” Página 386

Recoge muy bien el conflicto entre los ideales juveniles y la asunción de responsabilidades en la madurez.También he visto la película y es estupenda, la recomiendo. Me ha recordado también a otra película: Lejos del cielo con Julian Moore.

Una de las personas del club nos contó que había vivido unos años en Estados Unidos y que las largas distancias provocan mucha incomunicación. Y nos habló del mundo de la enseñanza allí y la verdad es que resultó muy enriquecedor. Nos despedimos muy tarde porque la novela da para mucho, es demoledora. Y fuera hacía un frío del carajo.

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