No hay que arrancar las flores en Chernóbil

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Este largo puente estamos leyendo Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich (Bielorrusia, 1948), Premio Nobel de Literatura 2015.
La obra recoge testimonios de personas víctimas de la catástrofe nuclear de Chernóbil, una pequeña ciudad situada cerca de la frontera bielorrusa. Los bielorrusos no tenían una sola central atómica en su territorio y sin embargo fueron víctimas del desastre tecnológico más grave del siglo XX.
voces-de-chernobilAlexiévich nos cuenta también los motivos por los que recogió estos testimonios, cómo el desastre cambió para siempre los conceptos de espacio (espacio arruinado), tiempo (las consecuencias afectan a varias generaciones), amor y muerte.
Cuando lees el libro (alejado totalmente de lo lacrimógeno) sientes empatía por esos seres humanos que no quieren dejar sus tierras, sus casas, aunque estén envenenadas.
Y te sorprende la ingenuidad con la que los soldados, los liquidadores, los bomberos, acudieron a ese infierno, sin información, sin protección alguna. Y casi siempre son sus mujeres las que lo cuentan, ellos ya han muerto, ya están enterrados en féretros de zinc.
El relato que más nos ha conmovido es el primero: una solitaria voz humana. La joven esposa de un bombero nos cuenta los 15 días que pasó con su marido hasta que murió, cuidándolo en el hospital, escondiendo su incipiente embarazo. ¿Cuál os ha conmovido más a vosotros?
El próximo Jueves 15 de diciembre hablaremos de este libro en el club de lectura, una obra admirable e imprescindible.
Os dejamos con este documental en el que las imágenes, tras leer el libro, resultan aún más reveladoras. ¡Una lección de historia!

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4 pensamientos en “No hay que arrancar las flores en Chernóbil

  1. A mi también es el primero el que más me ha impactado. No se si por ser el primero y luego, te vas haciendo a las historias, pero a mi me pareció muy, muy duro.
    Los capítulos dedicados a los niños y jóvenes también me han impactado mas.
    Ves un futuro totalmente perdido de una manera tan tonta y es algo que hasta ahora no me había planteado. Es un libro que me ha hecho reflexionar mucho. Casi no puede acabarlo porque creo que algunas de las declaraciones son más de lo mismo y sobra un poco pero la autora habrá creído necesario incidir en ello.
    Está bien leer de vez en cuando -solo de vez en cuando- algo tan impactante como es este libro. Solo de vez en cuando!!!!

  2. A mí me ha recordado La carretera de Cormac McCarthy. Estuve una semana leyéndola y me sentía triste, angustiada, deprimida.
    Sin embargo Alexievich pone más distancia, aunque los relatos son de personas que cuentan sus desgracias, son cosas reales, sin embargo me angustiaba más la ficción de La carretera. ¡Qué curioso!
    Me siento orgullosa de haber leído estos relatos de Chernóbil, he aprendido mucho de historia, he reflexionado sobre los conceptos de heroísmo, patria, etc. Para que luego digan que la literatura no sirve para nada, las humanidades en general. Como si hacerte pensar, empatizar con otras personas no fuera suficientemente importante.
    ¿Acaso no es más importante este libro que la Ciudad de las artes de Valencia?
    Hay puentes muy útiles que salvan vidas, y otros que son mero artificio. Como los libros por supuesto.
    Por cierto el relato que más me ha conmovido es también el primero, el de Liudmila Ignatenko, esposa del bombero fallecido Vasili Ignatenko.
    Solo por ese relato ya merece Svetlana el Premio Nobel.

  3. Sabíais que hay turismo radiactivo. Se puede visitar Prípiat, la ciudad fantasma. El turista puede acercarse a 200 metros del reactor y sólo puede permanecer 10 minutos. “No hay ningún peligro de radiación pero, por si acaso, no vengan en pantalón corto”
    ¡Hay gente para todo!

  4. Testimonios desoladores de personas que asumen la desgracia y el abandono con resignación casi con naturalidad y en los que ni siquiera la muerte que les rodea va a impedir que continúen con sus afanes diarios de vidas sencillas. Literatura testimonial, descarnada, directa que da voz a los que ya nada esperan y en la que el autor se sitúa prudente en un segundo plano.

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